CONCHA MÉNDEZ, LA VOZ DE LA MEMORIA DOBLEMENTE OLVIDADA

Concha Méndez simboliza el perfil de las mujeres valientes con las que erupciona el siglo XX. Nació poeta y nació mujer.  Como tantas otras creadoras de su época, partió de una situación desigual que le impedía un acceso a la cultura y a la educación similar a la de los hombres. “Nací en medio de la modernidad, del canto a los medios de transporte, a la velocidad, al vuelo. Mis primeros poemas están llenos de estas cosas: de los clamores a la era moderna, de aviadores, aviones, motores, hélices, telecomunicaciones”, cuenta la poeta en sus memorias.

“Recuerdo la visita de un amigo de mis padres. El señor preguntó a mis hermanos: ‘¿Qué queréis ser de mayores?’ No recuerdo lo qué contestarían, pero viendo que a mí no me preguntaba nada, teniendo toda la cabeza llena de sueños, le dije: ‘Yo voy a ser capitán de barco’. ‘Las niñas no son nada’, me contestó. Por estas palabras le tomé un odio terrible a este señor.


Concha Méndez tenía 83 años cuando arrancan sus memorias habladas. Había aplazado la escritura de su biografía demasiado tiempo. “A través de estas memorias quiso regresar a España y encontrar el lugar que le correspondía dentro de la historia literaria”, apunta Paloma Ulacia Altolaguirre en el prólogo de las memorias de la primera edición.

en una verbena en los años veinte con Altolaguirre (a la derecha), Aleixandre (en el centro) y otro amigo. RESIDENCIA DE ESTUDIANTES.

La editorial Renacimiento rescata los recuerdos de Concha Méndez (1898-1986), una de las grandes mujeres del 27. En realidad fue su nieta Paloma Ulacia Altolaguirre quien escribió Memorias habladas, memorias armadas tras múltiples conversaciones que tenían lugar todos los sábados. En esas páginas, publicadas en 1990, está la intrahistoria de una de las épocas más luminosas de la cultura española contada por una mujer.


Exilio y memoria siempre fueron unidos. Los exiliados eran conscientes de que el olvido caería sobre ellos, así que decidieron narrarse. Las mujeres fueron, sin duda, las grandes olvidadas.