ELISABETH EIDENBENZ

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Elisabeth Eidenbenz llegó como voluntartia a España en abril de 1937

Con todo el material se llenaron cuatro camiones que, junto con los voluntarios, viajaron a España en abril de 1937. Elisabeth Eidenbenz se encontraba entre estos voluntarios que llegaron a España en plena Guerra Civil española para realizar tareas humanitarias en las zonas republicanas. Fueron dos años de guerra y destrucción que acabaron con el triunfo del fascismo y la huída de miles de personas que a través de la frontera francesa trataban de ponerse a salvo. Los caminos y carreteras que conducían a Francia se llenaron de personas que huían en medio de la nieve y el frío, sin comida ni ropas adecuadas. Las largas caminatas y las duras condiciones provocaron que centenares de personas murieran por el camino. Al llegar a Francia, los refugiados fueron albergados en campos de concentración en Argelès, Saint-Cyprien y Barcarès. Las condiciones de vida en estos campos eran muy duras. Los campos no tenían ninguna infraestructura; no había ni barracones, ni agua, ni letrinas, ni cocinas. Tan solo alambres de espino, arena y mar. 

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Elisabeth Eidenbenz aceptó la propuesta de la Asociación de Ayuda a los Niños

Las mujeres embarazadas eran conducidas a los establos para dar a luz. Lxs bebés nacían con una total carencia de garantías sanitarias, en medio de los excrementos y de la paja. Inmediatamente después, madre e hijx eran devueltos al campo de concentración sin establecer ningún “protocolo postparto”. De modo que, no era posible  garantizar a lxs recién nacidxs, unos niveles mínimos de supervivencia. Las bajas temperaturas y la falta de agua potable para preparar los biberones suponían una “sentencia casi segura de muerte”. Se morían de frío y de hambre. El 90% de los bebés que nacieron en los campos de refugiadxs franceses, murió. 

Cuando la Asociación de Ayuda a los Niños de la Guerra propuso a Elisabeth Eidenbenz ocuparse del servicio maternal, ella aceptó sin vacilar. Era la única que hablaba español y a pesar de que no tenía conocimientos de puericultura sentía que tenía que colaborar de alguna manera. No fue una tarea fácil. Primero hubo que buscar un lugar para instalar la maternidad. Finalmente encontraron un caserón deshabitado y muy próximo a Argelès. La casa se encontraba en muy mal estado y hubo que rehabilitar el inmueble. Con gran esfuerzo, consiguió 30.000 francos suizos de la Asociación, lo que le permitió reparar el tejado y habilitar tres plantas. Después hubo que obtener el permiso de apertura: «con un compañero periodista fotografiamos el estado lamentable de las mujeres embarazadas a punto de parir entre la paja de los establos. Cuando pedimos permiso para abrir la maternidad, aquellas fotos intimidaron al prefecto que tenía miedo de que en Europa se conociera cómo trataba Francia a los refugiados españoles. Justo al día siguiente, teníamos la autorización». Finalmente en diciembre de 1939, la Maternidad de Elna abría sus puertas. En los primeros años se mantuvo gracias a las donaciones voluntarias que llegaban de Europa. 

Elisabeth Eidenbenz fue como un ángel bajado del cielo en medio de aquel infierno

Ella era una mujer afectuosa y cordial, que acogía a las mujeres que llegaban al hospital. Lo hacían cuatro semanas antes del parto, y volvían al campo cuatro semanas después. Cuando era posible las estancias se alargaban, y también se acogían a los hijos de las parturientas, que durante la estancia se recuperaban físicamente de los estragos sufridos. 

Tras el comienzo de la II Guerra Mundial,  llegaban refugiadxs de Francia y del resto de Europa. Principalmente mujeres judías que huían de la ocupación nazi. Ante la falta de fondos y el aumento de nacimientos Eidenbenz tuvo que pedir apoyo a la Cruz Roja para continuar con su actividad. Sin embargo, este hecho implicó que tenía que seguir los principios de neutralidad propios de la institución, esto es, estaba terminantemente prohibido acoger a refugiadxs políticos, principalmente, judíxs. Sin embargo, esto no fue suficiente para detenerla y decidió falsear sus identidades. Fue muy hostigada por la Gestapo, pero ella sabía buscar los caminos para sortear sus ataques. 

La logística de la maternidad estaba asegurada mediante el suministro periódico de alimentos y material, traído desde Suiza en camiones de la organización, que aprovechaba los corredores sanitarios abiertos por la Cruz Roja Internacional en el contexto de la II Guerra Mundial. La maternidad logró mantenerse hasta 1944, en el que fue clausurada por el ejército alemán. 

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Elisabeth Eidenbenz, defensora de los derechos humanos y un referente de paz

Cuentan que Elisabeth tenía mucho carácter. Cuando llegaban los gendarmes buscando a una madre que ya había parido para devolverla al campo, si ella veía que todavía no estaba en condiciones, los echaba a gritos diciendo: «Esto es Suiza». Ella tenía un estilo muy personal que favorecía muy buen ambiente. Le daba gran importancia al aspecto emocional, y por esto preparaba pequeñas celebraciones en días concretos, que eran como un sueño para las que se alojaban allí. 

En la maternidad del Elna nacieron alrededor de 597 niños, que se salvaron de una muerte casi segura. Elisabeth no estaba sola, algunas personas le ayudaban. Pau Casals, músico de El Vendrell considerado uno de los mejores violonchelistas de todos los tiempos y nominado al Premio Nobel de la Paz por su activismo pacifista, enviaba dinero a las madres que parían en la maternidad de Elna. Esta mujer de apariencia menuda y frágil defendió enérgicamente el derecho a la vida de casi 1.200 personas entre madres e hijos. 

«La historia de Elisabeth Eidenbenz es una historia de vida». Una de las tantas historias de mujeres que han sido claves en la prevención de las guerras, en la búsqueda de salidas no violentas a los conflictos, en la defensa de los derechos humanos y la justicia, en favor del desarrollo y la igualdad y contra la impunidad y el olvido.

Esta publicación ha sido extraída literalmente de«1325 mujeres tejiendo la paz». Un programa de sensibilización, educación y comunicación sobre el papel de las mujeres en la construcción de la paz. Se apoya en la resolución 1325 sobre Mujer, Paz y Seguridad adoptado por Naciones Unidas en el año 2000.

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